MARTINICA, UNA JOYITA FRANCESA EN EL CARIBE

Martinica es una isla localizada en el Caribe, entre Dominica y Santa Lucía, conocida por la exuberante belleza de su territorio y la espectacularidad de sus playas, que son de arena blanca en el sur y de arena negra en el norte. Selva, arrecifes, manantiales de aguas termales y un sinfín de atractivos naturales componen un escenario de ensueño en este hermoso departamento de ultramar francés.

Bonitas caletas que invitan al buceo y desafiadores desfiladeros contribuyen también a la belleza de la isla, cuya capital es Fort-de-France, una ciudad de alrededor de 100 mil habitantes cuyos principales sitios turísticos son la Catedral de Saint-Louis (o Catedral de Fort-de-France), de fines del siglo XIX y considerado Monumento Nacional, el Fuerte Saint-Louis, la estatua de la Emperatriz Josefina y el Jardín de La Savane.

El norte de Martinica está caracterizado por su relieve montañoso y su aspecto salvaje, con un territorio cubierto por densa vegetación. El imponente Volcán Montagne Pelée es el símbolo de esta región, y está cortado por ríos que descienden desde lo alto hasta hermosos bosques donde se encuentran sendas cataratas, como el Salto de Gendarme, en Fonds-Saint-Denis. El Pitón de Le Carbet, un macizo atravesado por arroyos y que proporciona vistas espectaculares, es otro sitio de incomensurable belleza.

Todavía en la región norte, se ubican las Gargantas del Acantilado. En medio de la selva tropical, dos grandes acantilados bordean un río raso, formando una piscina natural y a la vez un paisaje absolutamente deslumbrante y que puede ser conocido a pie por los más aventureros. Por otra parte, la Route de la Trace (Ruta de las Huellas), también conocida como Nacional 3, permite recorrer la selva y disfrutar de toda la belleza del lugar.

En el sur, la mejor oferta está en la costa, con playas de arena dorada, palmeras y un mar de aguas cálidas. La Gran Ensenada de Salines y la Playa de Le Diamant son algunos de los lugares más buscados para vacacionar, pero además vale la pena conocer Trois-Ilets, Pointe-du-Bout, Sainte-Anne y Sainte-Luce, hermosas ciudades que cuentan con toda la infraestructura para recibir a los turistas. Quienes estén en busca de algo más tranquilo pueden también optar por visitar alguno de los pueblitos pesqueros de la zona.

Otros paseos muy agradables pueden ser realizados en los Fonds Blancs (Fondos Blancos), un inolvidable recorrido por el mar entre bancos de arena e islotes, en sitios de gran riqueza vegetal como el Jardín Botánico de Balata, el Jardín de la Pelée y la Plantación Macintosh, y en general por toda Martinica, para conocer la flora local y el motivo por el cual esta es llamada de ‘Isla de las Flores’.

Entre las actividades que se recomienda practicar en Martinica, están el senderismo, con rutas que cruzan selvas, montañas y cañones, el buceo y el snorkel, aprovechando la riqueza de la fauna marina y la transparencia de sus aguas, y deportes acuáticos como el esquí náutico, el windsurf, la vela y el kayak, entre otros. Asimismo, no hay que dejar de probar un paseo en una yola redonda, pintoresca embarcación que se suma a los múltiples encantos de este paraíso caribeño.

Fotos: vistas del mar, por Raïssa B y Roberto Facenda; y Mont Pelée, por André Mouraux (todas en Flickr)

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